(♪)

The Encircling Embrace

Por: Lizzy Gadd

Octubre

*
Hay una leve luz caída entre las hojas de la tarde.
Dame tu mano y cruza de puntillas conmigo,
para nunca pisarla, para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas y consumirte lento
en el perfil del aire.

José Ángel Valente

Sé Tú Mi Límite

*
Tu cuerpo puede llenar mi vida,
como puede tu risa volar el muro opaco de la nostalgia.

Si tú acercas tu boca inagotable hasta la mía, 
bebo sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Tú estás, ligero y encendido,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.

No te alejes jamás; los hondos movimientos
de tu naturaleza son mi sola ley.

Retenme.
Sé tú mi límite.


José Ángel Valente


Fotografía : Fly Away
Por:  TJ Drysdale

El Deseo

*
Los cuerpos se quedaban del lado solitario del amor,
como si uno a otro se negasen sin negar el deseo,
y en esa negación, un nudo más fuerte que ellos mismos
indefinidamente los uniera.

¿Qué sabían los ojos y las manos,
qué sabía la piel, qué retenía un cuerpo
de la respiración del otro, quién hacía nacer
aquella lenta luz inmóvil como única forma del deseo?


José Ángel Valente

El Ángel

*
Al amanecer,
cuando la dureza del día es aún extraña,
vuelvo a encontrarte en la precisa línea
desde la que la noche retrocede.
Reconozco tu oscura transparencia, tu rostro no visible,
el ala o filo con el que he luchado.

Estás o vuelves o reapareces,
 en el extremo límite, señor de lo indistinto, 
no separes la sombra de la luz que ella ha engendrado.

José Ángel Valente

Iluminación

*
Cómo podría aquí, 
cuando la tarde baja con fina piel de leopardo 
hacia tu demorado cuerpo, no ver tu transparencia.

- En lo recóndito te das sin terminar de darte 

Quién eres tú, quién soy, 
dónde terminan, dime, las fronteras 
y en qué extremo de tu respiración o tu materia
no me respiro dentro de tu aliento.

Que tus manos me hagan para siempre,
que las mías te hagan para siempre
y pueda el tenue soplo de un dios,
 hacer volar al pajarillo de arcilla para siempre.

José Ángel Valente

Luego del Despertar

*
Luego del despertar 
y mientras aún estabas en las lindes del día,
yo escribía palabras sobre todo tu cuerpo.

Luego vino la noche y las borró.
Tú me reconociste sin embargo.

Entonces dije, con el aliento sólo de mi voz,
idénticas palabras sobre tu mismo cuerpo,
y nunca nadie pudo más tocarlas
... sin quemarse en el halo de fuego.

José Ángel Valente


Fotografía: The Element
Por: Vitaliy Sokol

Siete Cantigas del más Allá

*
Amarillea amargo el tiempo y no hay tiempo
para más desdecir la muerte.
Marinero que llevas la barca del pasar,
el pájaro en la jarcia dice aún su cantar.
Lo escucho más allá del tiempo.

Anhelo.
El verbo crea el movimiento de la luz en el fondo
de las amargas aguas.
Mañana, no poses todavía
tus pájaros dorados sobre mi pecho herido.

Cerqué, cercaste,
cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo,
como si fueran sólo un solo cuerpo.
Lo cercamos en la noche.

Oí la voz. Bajé sobre tu cuerpo.
Se abrió, almendra. 
Bajé a lo alto de ti, subí a lo hondo.

Oí la voz en el nacer del sol, 
en el acercamiento y en la inseparación, 
en el eje del día y de la noche, de ti y de mí. 
Quedé, fui tú. 
Y tú quedaste como eres tú, 
para siempre encendido.

Despiértate en la tarde.
Fuimos un modesto fenómeno de antaño.
Ahora se echa el viento, hermano.
No sé si fuimos.
Pues así quedamos olvidados de nosotros, 
vacíos ya enteramente de nosotros
y sea éste al fin para nosotros el solo tiempo de la verdad.

Palidecen los sueños, cae la noche en la noche.
Ya no hay luz que no sea la blancura de tu pecho.
Aíslame en el hálito.

Vamos hacia la tarde, amor, 
del siglo sin saber si aún habrá
ventura saecula o si el rostro del enigma 
no será nuestro rostro en el espejo
y si todas las palabras no se habrán,
sin saberlo nosotros, por sí mismas cumplido.

José Ángel Valente
(extractos)

Siete cantigas de más allá

Cómo se Abría el Cuerpo

*
Cómo se abría el cuerpo del amor herido,
como si fuera un pájaro de fuego que,
 entre las manos ciegas se incendiara.

No supe el límite.

Las aguas podían descender de tu cintura
hasta el terrible borde de la sed
... las aguas.


José Ángel Valente
Material memoria

Ahora No Tienes

*
Ahora no tienes, corazón, el vuelo 
que te llevaba a las más altas cumbres. 


Lates, reptante, entre las hojas secas 
del amarillo otoño.
 

¿Y hasta cuándo en la secreta larva de ti? 


¿ Volverás a nacer en la mañana, 
a respirar la frialdad 
del aire 
donde hay un pájaro? 
¿Lo oyes? 


Canta arriba, en las cimas, 
como tú, como entonces. 


Tú eres sólo latir cobijado en lo oscuro. 


Al pájaro que fuiste dedicas este canto. 



José Ángel Valente
El vuelo

(♪)